Menú de Victor.

Cierto es que siempre hay algún elemento sorprendente en los menús culinarios que te deja anonadado. En este caso es algo mini pero increíble . Una magdalena de aceituna. No te puedes imaginar el sabor tan agradable de esta magdalenita. Hasta tal punto me gustó que olvidé el helado de queso y una vez llegado el turno de la carne sólo podía pensar en la magdalena. Víctor me brindó la oportunidad de comerme otras tres. Se podría decir que predomina el dulce sobre el salado. Pero la combinación es tan perfecta que no te deja pensar. Ojalá tuviera en mi casa un carrito lleno de mini magdalenas de aceituna. En fin, me queda pendiente el menú sorpresa. Pero ese se merece una ocasión única e irrepetible. Estoy convencida de que saldré enamorada.
Un último apunte: me encantaría que en algún restaurante de Salamanca tuvieran pan de centeno u otra variedad diferente al trigo. Por pedir que no quede.

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